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Mostrando entradas de febrero, 2020

''ente austero''

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Que mi alma en flor se deshace entre tus dedos. que cómo arena, etérea, liviana, beso el espacio entre tus pies y tus huellas, dejándote pequeños retazos de mi intrínseca esencia. que tu, ser de jaula y mental cadena, aún no distingue entre fuego y  tierra.  entre cielo y trueno, entre paz y guerra. continúas estático y deteniéndote ante los techos, por ti mismo impuestos, repletos de austeros, tibios sentimientos.

''almas claras''

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Mi sol entra por las hendijas de tu abierta ventana bañando por entero tu jardín interno  entonces extendés tus palmas, dejándote bañar por toda brisa de paz armónica, por las mañanas. en abrazo astral, se cruzan nuestras eternas etéreas almas claras. todo en rededor se torna calma.

''desarmando las horas''

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que he de esperar por estas deshoras ateridas por dónde los relojes de pared estallán en epifanía consecuente, recurrente, tan vivida comprendo que debo dejar atrás este plano tan liso, playo, llano. para abandonar la mente, que me mantiene cautiva, muy lejos del espacio y tiempo presente.  insiste mi ser, rompe las cadenas que aprisionan mi verdadera forma astral. vuelcasé lentamente, intrínseco, a su forma más evolucionada, desencadenada  de ideas-jaulas, sin júbilo, desamparadas, que cómo profundas estacas son clavadas, perforadas  y enraízadas por el formato de contorno externo, tan vacío y austero de verdadero sentimiento, dónde  la mente se regocija en facetas dónde somos débiles y nos contemplamos ante la visión ajena, que nos  condiciona a no fluir con la verdadera naturaleza existencial, de despertenecernos de lo material y conectar  con la tensegridad universal. y me vuelvo mi propia esencia y co...

''El país de los indignos''

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En el país de los indignos, se incendian las máscaras, dejando al descubierto las almas.  Se deshacen los hilos que nos mantienen sumisos, dóciles, subyugados, y nos obligan a no ser.  en el país de los indignos, sé rompe la jaula del silencio, se vuela libre.   En el país de los indignos, no hay limitaciones dentro de la estructura de la forma, no hay norma. No hay ser colonizado por la mente, que insistente, trata y no puede, separar al ser de su esencia lumínica.  En el país de los indignos, el sol se posa sobre las almas, el viento sopla entre las hojas. el agua refleja las miradas encontradas de los entes que en ella, las ataduras, se enjuagan.  En el país de los indignos, las colinas se ven acariciadas por la luna, los árboles inmensos, esconden estrellas entre sus copas. En el país de los indignos, los seres que habitan, se desvisten de las miradas injuriosas, que aprisionan almas con sus normativas y absurdas formas.   ...