En el país de los indignos, se incendian las máscaras, dejando al descubierto las almas. Se deshacen los hilos que nos mantienen sumisos, dóciles, subyugados, y nos obligan a no ser. en el país de los indignos, sé rompe la jaula del silencio, se vuela libre. En el país de los indignos, no hay limitaciones dentro de la estructura de la forma, no hay norma. No hay ser colonizado por la mente, que insistente, trata y no puede, separar al ser de su esencia lumínica. En el país de los indignos, el sol se posa sobre las almas, el viento sopla entre las hojas. el agua refleja las miradas encontradas de los entes que en ella, las ataduras, se enjuagan. En el país de los indignos, las colinas se ven acariciadas por la luna, los árboles inmensos, esconden estrellas entre sus copas. En el país de los indignos, los seres que habitan, se desvisten de las miradas injuriosas, que aprisionan almas con sus normativas y absurdas formas. ...