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Mostrando entradas de marzo, 2019

''Limbo''

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 Esa mañana amanecía soleada. en la soledad de su cama, respiraba con profundidad, para que su pecho intentara pegarse con su alma.  Dentro de ella solo cabía la tristeza, pero por los recovecos de su mente, solo merodeaba un interrogante, ese que le comía los hilos de la poca conciencia que le quedaba hoy día. ¿En qué momento con exactitud, empezó a desmoronarse todo en sus adentros? ¿en qué momento su tiempo de calma se había transformado en tanto dolor que ya no le cabía en el alma? ¿cuando comenzó la destrucción total de si misma?  Por más que lo intentara no podía vislumbrar lo que no entendía.  Simplemente un día, el calor de su cuerpo se movía, como si se despidiera de todos los rincones en los que ella se sentía en si misma.  Era cómo si de una súbita caída quedará completamente destruida.  Contra la tierra, chocaba, cortando sus enormes raíces, que un día tocaban el centro del mundo, matando la semilla que la mantenía viva.  Quemaba ...

''hogar''

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Yo soy mi casa.  mi casa soy yo.   En mi interior se caen la paredes, los techos las membranas, los pisos, los estantes,  los libros, las persianas.  se desarman las fotografías, ante mis ojos se pulverizan, se vuelven cenizas, no son nada.  las tuberías chorrean agua, como chorros fríos de la no calma. por las grietas que inundan lo que queda de las paredes fisuradas por el dolor, que en mi casa habitaba. Más ya no entraba luz por las ventanas, y no había orificio por el que el calor entrara.   Yo quedo en la nada. mi cuerpo interior flotaba.   Mi alama convaleciente, entre llamas, se vaciaba. todo en mi interior se derrumbaba, poco a poco, primero a toda prisa,  y luego con toda calma.   Hasta que no quedó nada.

´´Melaza´´

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 A veces me siento tan fuera y distante de mi verdadero ser, que solo alcanzo a ver las gruesas y densas redes, de una mente que insiste en fundirse y apoderarse de mi esencia intrínseca. Pero allí estoy, dando batalla con los fuegos de mi pira interna encendidos. Cándidos y esplendorosos, listos para arder la mente, que resiste sosteniendo su oscuridad parsimoniosamente mientras hierve por mi sangre el tajante dolor.     En mi se desencadena un fenecí incontenible, sacudido  y esparcido en hebras blandas, como finos halos de luz refractados en el espejo que , imperceptible, refleja la fuerza de su llama, llenando por entero su contorno material, delineado con la calidez de una piel, que dentro contenía una inmensa agonía, que transformó en miel.