El sol arribó por la mañana, sentada yo en el umbral de mi ventana, meditaba. percibo como un potente haz de luz fulgurante vislumbra toda posesión terrenal, mundana, que inunda por completo y desborda mi casa. luz que toca todos los objetos inertes y estáticos, que invaden y estorban en el acreciente reino de luz. la inmensurable luz comienza a hacer que todo objeto muerto desaparezca, poco a poco y a su denso pero intenso fluir rítmico todo se va transformando lentamente en polvo volátil, en migajas, pequeñas partículas de nada. de repente y sin más, todo se va fundiendo en uno, mi cama las almohadas, la ropa los libros, el cenicero de mármol, tan pesado y austero en colillas. se desvanecen las pantallas que promueven la desinformación y a las que tanto les rezamos. se desintegran por completo, delante de mis pupilas, el techo y con él las paredes, dejándome así ver la inmensidad de los astros que nunca había sido capaz de contemplar ...